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Una charla con el vasco Suasnabar…

“La causa Malvinas yo la comparo con el finao mi viejo, por una cosa o por otra todos los días me acuerdo”
En una fresca y soleada mañana nos fuimos hasta el Centro de Ex Combatientes. Ahí nos esperaba el “Vasco” Suasnabar, su hijo Maxi y el mate, infaltable compañero de la mañana y protagonista también de cualquier charla cotidiana. El Vasco nos dio la nota empeñando su palabra. Y cumplió.
Cumplió como aquella vez que le dio su palabra al capitán del barco que luego lo llevaría a Malvinas: “Si me deja ir a mi casa, el domingo a la noche estoy de nuevo acá” recuerda que le dijo. El capitán confió en él y el volvió para embarcarse.
Contame Vasco del 2 de abril, los “agarra “ cerquita de Malvinas…
– Si nosotros estábamos navegando como todos los años. Yo estaba haciendo la instrucción en Puerto Belgrano, después mi destino fue un buque petrolero, que era el único petrolero que había en la armada, entonces salíamos a re abastecer al resto de la flota.
Justo el 2 de abril paramos frente a Malvinas, nosotros nos enteramos porque un cabo principal nos dijo: “Eso que se ve ahí son las Islas Malvinas”.
Hasta ese momento no teníamos ni idea de nada. Al otro día nos dicen que las Islas habían sido tomadas por el Ejército Argentino.
¿Cómo les cayó esa noticia?
– Y medio como que no teníamos ni idea… a los 18 años no teníamos conciencia de lo que iba a pasar. Ahí estuvimos tres días más fondeados y tuvimos que volver a buscar víveres pero ya sabíamos que volvíamos a Malvinas. Yo imaginate me quería venir a mi casa y el jefe obviamente no me dejaba. Era de apellido Sibona. Y como yo le dije que si no me dejaba ir yo me iba a escapar, el tipo me dice: Si vos me prometes que vas a venir el domingo yo te voy a dar una orden con pasajes.
¿Ya sabías que íbas a Malvinas?
– Si ya sabía. Eran tanta las ganas de venir que tenía que salí a la ruta a hacer dedo y me subí a un camión que llevaba aluminio. Le conté a mi hermano, a mi vieja no le dije nada, estuve el sábado y el domingo me volví.
¿Que te dijo el Vasco grande (Héctor)?
– Nada… no me dijo nada. que tuviera suerte nada más. Nosotros sabíamos del conflicto pero no que iba a llegar a semejante cosa.
El domingo me voy de acá y mi vieja siempre me acomodaba la ropa, me la lavaba, me la planchaba y vos sabes que me olvido la gorra de marinero, entonces me embarqué así nomás. Y había un cabo segundo que me pregunta ¿De dónde venís vos? – de mi casa le digo. Y me dice: No podés embarcar de civil, te voy meter un arresto de dos meses. Y a mí lo único que me salió en ese momento fue: ¡Que sanción me vas a meter si no sabes si vamos a volver y me querés meter preso.

¡Dejate de embromar! y me dice la verdad es que tenes razón, así que embarqué así nomás de civil y no pasó nada.
Así que el lunes zarpamos y fuimos a la zona de conflicto y recién ahí empezamos a tener noción de lo que pasaba.
¿En qué momento te cae la ficha de que estaban en guerra?
– A mi me entra el “cagazo” digamos, cuando hunden el Belgrano. Al Belgrano lo detectan por las hélices del buque nuestro, el radar inglés detectaba por el ruido de las hélices.
Estuvimos dos día en la mira de los ingleses y no dieron la orden de disparar. Esto me lo entero con los años, cuando nos hemos juntado con otros compañeros y charlando así empezamos a reconstruir la historia.
Ahí me entero que estábamos en la mira… habían dado la orden de que teníamos que desembarcar y el capitán nuestro dijo que no, que si el ejecutaba esa orden “Zafarrancho de abandono” iba a ser un loquero, y posiblemente nos muriéramos en el agua, el tipo propuso que intentáramos salir de la zona y que si nos hundían… bueno, mala suerte. Así que bueno zafamos.
Ahí es cuando tomamos real conciencia y nos asustamos. Después de algunos días se rompen las calderas del buque y quedamos a la deriva, ahí nos remolca el Almirante Irizar y nos llevan a Puerto Madryn.
Ahí nos avisan de que se había hecho el “Alto el fuego” y que venía el Northeland con los prisioneros de guerra.
¿Porque volviste a la base ese domingo?
– Porque se lo había prometido al capitán. Le había dado mi palabra. Y porque no tenía conciencia de lo que iba a pasar.
¿Qué es la patria para vos?
– El lugar donde vivo y donde me siento cómodo. A lo mejor quedará en la historia que defendí la patria de una forma u otra. Pero hoy a los cincuenta, en una situación parecida haría todo lo posible para que mis hijos no vayan a ningún conflicto.
La Causa Malvinas la comparo con el finao mi viejo. Yo de mi viejo todos los día por una cosa o por otra yo me estoy acordando y con esto me pasa lo mismo. Algo que me pasa en el día me trae algún recuerdo, de fulano de mengano, algo que nos pasó. Pero todos los días me acuerdo.
¿Qué pensás que te hubiera dicho tu viejo?
– Y como era él me hubiese dicho con esa voz que tenía: “”De lo bien que hace hijo… vaya… vaya”.

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